jueves, 4 de febrero de 2010

.¡Lo que me espera mañana!


Los viernes se han convertido como mis sábados y los sábados se han convertido en un día tranquilo. Me agradan esos días, más el viernes porque mantiene mi cabeza ocupada y el final del día siempre es en esa junta donde fluyen los pensamientos con hambre de intelecto o son bares conocidos del centro de la ciudad que cierran mi viernes con un gran sabor a boca. No puedo pedir más, de verdad. Todo pinta para ser un buen fin de semana, no importan las tareas, los deberes o los encuentros, lo que importa es que hay algo en lo cual pensar y actuar. Puedo sentir jaquecas que al final del día se irán, pero eso me gusta; así confirmo que no pensé en nada más sino en lo necesario y en lo que en realidad quería, en lo que me alimenta a diario, en esa dosis de destreza que siempre termino anhelando más y más.

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