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Este domingo no quería levantarme, las cobijas parecían adherirse a mi cuerpo, los pájaritos revoloteaban en su jaula, mi madre se iba al trabajo y yo seguía sin querer levantarme. La lluvia sonaba fuerte y en momentos se aceleraba. Quería invernar como los osos, no despertar para nada. Mi cuerpo comenzó a pedir aire, la nariz estaba congestionada y la boca reseca. Me levanté, el frío calaba en lo más profundo de la entraña, me dirigí al baño y al ver mi rostro en el espejo sólo pensé en lo ojerosa y horrible que es mi apariencia. Esta gripa sólo me jode más, llega casi cada mes; es más, puedo jurar que es más exacta que mi mestruación. En fin, el día debía continuar por más jodida que me sintiera.
Hoy fue un día para mí, malo o bueno pero fue para mí. Con cansancio y enfado todo mio fue. Tal vez de estos días son los que necesito, un poco de dedicación para este ser humano, para darme cuenta de lo que pasa en mi contexto, lo que le sucede a mi cuerpo, a mi mente. Percatarme de que escribir es algo que disfruto en un lugar cerrado, a veces frío, a veces cálido. Analicé ciertas actitudes y decisiones, no puedo dejarlas sólo en "análisis" sino que ahora tiene que ver una acción.
Para el próximo encuentro conmigo pediré no estar enferma, sólo esperaré el momento y juro dedicarme mi tiempo y profundizar cada detalle de lo que esta mente desprende cada vez que formula palabras o realiza movimientos. Prometo llevar a cabo ese boceto que planteo mentalmente para el funcionamiento testarudo de éste espécimen que sólo quiere rehacerse.
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